“Nosotros, los representantes de los pueblos del mundo, reunidos en Ginebra del 10 al 12 de diciembre de 2003 con motivo de la primera fase de la Cumbre Mundial sobra la Sociedad de la Información, declaramos nuestro deseo y compromiso comunes de construir una Sociedad de la Información centrada en la persona, integradora y orientada al desarrollo, en que todos puedan crear, consultar, utilizar y compartir la información y el conocimiento, para que las personas, las comunidades y los pueblos puedan emplear plenamente sus posibilidades en la promoción de su desarrollo sostenible y en la mejora de su calidad de vida, sobre la base de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas respetando plenamente y defendiendo la Declaración Universal de los Derechos Humanos.” (Declaración de Principios: Construir la Sociedad de la Información: un desafío global para el nuevo milenio CMSI, Ginebra 2003-Túnez 2005).
Ciertamente el mundo de las TIC resulta complejo y presenta múltiples ambiguedades, pero es preciso definir el fundamento de su desarrollo.
La ciencia y la técnica son recursos muy valiosos cuando son puestos al servicio del hombre y promueven su desarrollo integral en beneficio de todos; sin embargo, por sí solas no pueden indicar el sentido de la existencia y del progreso humano. La ciencia y la técnica están ordenadas al hombre que les ha dado origen y crecimiento; tienen, por tanto, en la persona y en sus valores morales el sentido de su finalidad y la conciencia de sus límites.
Es un hecho indiscutible que los efectos enriquecedores y empobrecedores de la inclusión o no en estos procesos es exponencial. Como se ha dicho reiteradamente, quien esté fuera de esta dinámica quedará excluido del gran patrimonio de la cultura, y seguramente de la economía, en el tercer milenio.
Podemos destacar algunas constataciones a todas las señaladas en la bibliografía propuesta:
Son un potente medio de difusión de ideas y valores, que pueden y deben ser puestos al servicio de un mundo más justo y solidario.
No obstante, existe el riesgo de que con el pretexto de representar la realidad, se tienda a legitimar e imponer modelos distorsionados de vida personal, familiar o social.
Los instrumentos digitales aportan al hombre medios de investigación y de desarrollo de su pensamiento, facilitando, a su vez, que la expansión de estos conocimientos sea rápida y esté al alcance de todos.
En contrapartida, la acumulación de información puede generar en el individuo una auténtica “desinformación” provocada por una falta de asimilación de los contenidos. Ya se habla de una “hipertrofia informativa” ya que el ciudadano medio recibe cantidades inmensas de información que en sí misma no acrecienta el conocimiento y la superposición de datos se vuelve cada vez menos significativa. Ignacio Ramonet, director de “Le Monde Diplomatique” la llama la “asfixia comunicacional” y la define como “sobreabundancia de información que degenera en la supresión de la libertad”.
Existe cierta incertidumbre referida a la integridad y rectitud de la información ya que todos pueden ser “editores” y expresar su propio discurso para que sea escuchado en todas partes, sin verificar la veracidad de la información.
Los contenidos son plurales y personalizados, la interactividad de la red permite a cada usuario determinar qué información recibe y cómo la recibe.
La rapidez del intercambio de comunicación puede dar lugar a una cultura que alimente lo efímero y dé más valor a los datos que a los valores.
La estructura de la red permite establecer vínculos sencilla y rápidamente, aunque su gran inconveniente es la dispersión.
El círculo social de los individuos no queda limitado por la proximidad física, sino que se amplía en las comunidades virtuales.
El acceso indiscriminado a todo tipo de información requiere una adecuada formación de las personas, especialmente de los adolescentes y jóvenes.
El progreso en las comunicaciones ha impulsado la globalización, eliminando fronteras y distancias; pero sus beneficios están mal distribuidos y provocan una brecha digital que refuerza las diferencias entre las naciones.
Los responsables de la sociedad deberán buscar las formas para hacer llegar este bien cultural a todos los pueblos y paliar así esta brecha o fractura digital que se está produciendo entre los países que disponen de ellos y los que no tienen acceso a los mismos.
El poder de estos medios en la creación de estados de opinión sobre todas las dimensiones de la vida humana (moral, intelectual, religiosa, relacional y cultural) hacen necesaria en este ámbito una infoética, que frene los abusos ideológicos y comerciales de los medios de comunicación y defienda celosamente la dignidad de la persona. “Los problemas relacionados con internet y la dignidad humana deben considerarse desde una perspectiva moral; la libertad de expresión y la dignidad del ciudadano son aspectos importantes de esa moralidad” (Infoética 2000, tercer Congreso de la UNESCO sobre los desafíos éticos, jurídicos y societales del ciberespacio, París del 13 al 15 de noviembre de 2000).
Las Tecnologías de la Información y Comunicación se han convertido en algo natural en la vida de los niños y jóvenes ya que conviven con ellas desde que nacen, pero es indudable que es el hogar y la escuela donde se configuran los espacios preferentes para adquirir las pautas y criterios sobre su uso. Por eso, los padres y madres deben enseñar a sus hijos a aprovechar las posibilidades de estos sistemas y hacer un buen uso de los mismos.
Como recurso que permite verificar el vínculo TIC, familia y educación aporto la siguiente página: http://aprenderencasa.educ.ar/
sábado, 29 de mayo de 2010
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